
El alumnado de 3º de Primaria, protagonizó una jornada de Aprendizaje y Servicio junto a sus abuelos, convirtiendo recuerdos orales en arte compartido.
Las familias de 3º de Primaria del colegio La Milagrosa de Lodosa se transformaron esta semana en un escenario de memoria y afecto. En el salón de actos, dentro de la actividad de Aprendizaje y Servicio (ApS), los estudiantes recibieron una visita muy especial: sus propios abuelos, quienes acudieron al centro para compartir sus vivencias, creando un puente único entre el pasado y el presente.
La jornada tuvo como objetivo principal fomentar la escucha activa y valorar el legado de las generaciones mayores. Lejos de ser una clase tradicional, el encuentro se convirtió en un intercambio vibrante de impresiones, emociones y sentimientos.
Los abuelos, protagonistas indiscutibles de la sesión, tomaron la palabra para narrar historias de su infancia, anécdotas de juventud y experiencias de vida que, para muchos de los pequeños, sonaban a aventuras de otro tiempo. Los alumnos de tercero, demostrando una gran madurez y respeto, escucharon atentamente cada relato, participando con curiosidad y lanzando preguntas que enriquecieron aún más la conversación.
«Ha sido un momento de conexión mágica. Ver cómo los ojos de los niños brillaban al escuchar y cómo los abuelos se sentían valorados ha sido muy emocionante», comentaron fuentes del centro educativo.
Creando juntos: Un dibujo, una historia
La actividad no se quedó solo en la palabra. Para materializar este vínculo, abuelos y nietos trabajaron mano a mano en una dinámica creativa. Juntos, plasmaron en papel la esencia de lo narrado mediante un dibujo colaborativo.
El reto final consistió en consensuar un título para su historia, un ejercicio que obligó a ambas generaciones a ponerse de acuerdo y sintetizar lo aprendido. El resultado fue una colección de obras llenas de color y significado que decoraron el aula, testimonio gráfico de una mañana diferente.
Más que una lección escolar, este proyecto de Aprendizaje y Servicio ha ido más allá del currículo académico. Ha servido para fortalecer los lazos familiares y comunitarios, permitiendo que nietos y abuelos se descubrieran mutuamente desde una nueva perspectiva.
En el colegio La Milagrosa, la educación demostró una vez más que no solo se trata de libros y exámenes, sino de personas, raíces y corazón. Sin duda, una lección de vida que estos alumnos de Lodosa guardarán en su memoria con el mismo cariño con el que sus abuelos les contaron sus historias.